El pesimismo: pasión por lo peor. A propósito de la Gaya ciencia como salida
Por Silvia Conía
Nietzsche y la Gaya ciencia. Alegría en el sin sentido
El gay saber es una expresión que proviene del occitano, una
lengua antigua, que a su vez deriva de antiguos vocablos griegos que hacía
referencia a todas las habilidades técnicas necesarias para crear poesía. Precisamente,
era el modo usado por los trovadores medievales para escribir los poemas y
canciones a la Dama de su pasión.
La referencia de Lacan alude a la obra de Friedrich Nietzche: La
gaya ciencia, también traducida como La ciencia jovial o El
alegre saber.
Conecta alegría con el saber, pero ¿de qué modo?
Se trata de un libro escrito en tono desenfadado, ligero, juguetón,
como nos introduce Agustín Izquierdo, un estudioso de la obra de Nietzsche: se
deja ir por donde le lleva el capricho del pensamiento de su autor.
Nietzsche nos dice que este libro no es otra cosa que una diversión
tras una larga indigencia e impotencia. Pretende superar un trozo de desierto
en el que había caído, sometido a una tiranía de dolor, se había congelado en
medio de su juventud. Alude a la carga que ya le era insoportable producida por
su relación al romanticismo, representado por la filosofía pesimista de
Schopenhauer y la música dramática de Wagner. Lo plantea como un modo de cura
de aquella pesadumbre de la que se encuentra convaleciente, pero a partir de la
Gaya ciencia que significa:
“(…) las Saturnales de un espíritu que ha resistido con paciencia una presión terriblemente larga (…) y que ahora de repente sufre un acceso de esperanza, de salud, de embriaguez, de convalecencia” (Nietzsche, F.)
Un detalle de costado es que en el mismo año que la escribe también
ha penado por amor, conoce a Lou Andrea Salomé quien lo rechaza en matrimonio
en dos oportunidades. A través de ella, Freud toma conocimiento de la obra del
filósofo.
Ahora la vida, se le plantea no como una obligación fatídica, sino
como una experiencia que por el conocimiento alegre se pueden afrontar con
valentía y paso firme, los peligros que se pueden encontrar.
En el trayecto formula una de sus nociones más célebres: Dios ha
muerto. De todos modos, aclara que esto no libera de lo fatídico, para
ello, el ejemplo de Schopenhauer, ateo confeso para quien la existencia es algo
oscuro y terrible que debe ser negado.
Se trata de un pensamiento libre, con cierta insensatez, con alborozo
que el filósofo decide que tome la forma de la poesía, una forma de abandonar
la tristeza y la oscuridad. Una alegría en el sinsentido. Cierto disparate que
provoca risa. La Gaya ciencia toma la forma de poemas y canciones.
El pesimismo romántico de Schopenhauer
Freud consideraba que una posición pusilánime ante el deseo implicaba
que aquello de lo que se pretende huir retorna de la peor manera. Justamente la
pusilanimidad la encontramos vinculada a la tristeza.
Sergio Benvenuto en su texto La pereza. Pasión por la
indiferencia, recuerda que le debemos a Casiano la primera lista de los
pecados fundamentales. En un principio eran ocho, entre los cuales estaban la
pereza y la tristeza. La tristeza incluía el rancor (lo enranciado), la pusillanimitas,
literalmente: alma pequeña, cobarde huida del esfuerzo de la ascesis, la amaritudo:
la amargura de corazón que empuja a la indiferencia por el trabajo y el
tedio, y la desperatio: la presuntuosa certeza de estar ya condenado por
Dios con la convicción de que es despiadado.
Nietzsche apela al gay saber, recurre a la poesía para
liberarse de la carga pesimista del romanticismo. El pesimismo también puede
ser una manera de huir ante lo real de la existencia. No es el malhumor como un
toque de real, sino que el mal domina la existencia, es lo peor el significante
amo que la comanda, por lo que no valdría la pena vivirla. El pesimista es un
triste. Hay un punto que conecta con la melancolía: lo oscuro de sus
pensamientos, la sombra del objeto cae sobre el mundo. Solo se auguran malas
noticias y pasará lo peor. Algunos pesimistas los llaman los malos
pensamientos. Resuena cierta posición
del alma bella misántropa. De algún modo, se podría considerar tal como lo
plantea Benvenuto que el pesimismo es reaccionario, no considera que pueda
ocurrir ningún cambio. Justamente, en la concepción básica del llamado pesimismo
natural, es un temple de ánimo que hace considerar al mundo y al hombre
como imposibilitados de toda reforma substancial. El mal existe
substancialmente en el mundo y erradicarlo implicaría la eliminación de la
existencia misma. El pesimismo se opone
tanto al optimismo como al meliorismo, esto es, la confianza en que la luz de
la razón podría mejorar la condición humana.
Arthur Schopenhauer ha sido uno de los principales representantes de
la filosofía pesimista. Ha sido una referencia para Freud. Lo encontramos en
sus sueños, y hasta en algunas de sus asociaciones ante un acto fallido en la Psicopatología
de la vida cotidiana. Le reconoce al filósofo el valor de haber
considerado la pulsión mortífera que anida en los seres hablantes y la pulsión
sexual como núcleo de la Voluntad (noción prínceps de su filosofía) de la vida.
Pero este pensador, sostiene que esa Voluntad está ligada al dolor por lo cual
siempre está obstaculizada. Se trata de una lucha infinita. Cuando se llega a
algo, sobreviene el tedio. La vida es un péndulo entre dolor y aburrimiento. Benvenuto
lo cita: “En la vida burguesa, el aburrimiento está representado por el
domingo; el dolor por los otros seis días restantes de trabajo”. Donde los románticos ponían al suicidio como
salida, Schopenhauer, admirador de la sabiduría de la India, propone el acceso
a la Nada, la posición de Nirvana, apuntar a una ascesis estática, renunciando
a los placeres y deseos, a la sexualidad y a los bienes materiales. Su Metafísica
de la muerte es realmente asfixiante: por la vía de la vida no hay salida,
siempre se vuelve a caer en miseria, tormentos y sufrimientos. Por lo tanto,
considera que, para conducir al hombre a un estado mejor, sería necesario que
deje de ser lo que es, desde este punto de vista concibe la muerte como una
necesidad moral.
Clínica y ética.
Freud, hombre culto, leyó y consideró a los filósofos, pero nunca,
aclara en su Presentación autobiográfica, le dio la espalda al material
analítico y a elaborar temas clínicos. Ubica el pesimismo dentro de las
neurosis de angustia, como expectativa angustiada, pero, interesante detalle,
alude a una manera de estar en el mundo: se trata, dice: de una “inclinación
a una concepción pesimista de las cosas”. Como ejemplo, la mujer que
cuando su marido tose, ya piensa que tiene neumonía y se imagina el cortejo
fúnebre o si al regresar a su casa ve dos personas reunidas ante su puerta, no
puede alejar la idea de que uno de sus hijos se ha arrojado por la ventana, sin
que, en ninguno de esos casos exista una ocasión que sugiera aún la mera
posibilidad. Es una manera de pensar, un modo de decir, decir siempre lo pessimus.
Asoma un goce ignorado en cuanto al deseo de destrucción del otro. Si el pesimismo está centrado en el cuerpo
y en la salud, Freud lo llama hipocondría. El hipocondríaco podría
considerarse como un apasionado por lo pessimus en lo relativo al
cuerpo.
Nietzsche con su Gaya ciencia propone, en contra del pesimista
Schopenhauer decirle sí a la vida, pero puede tratarse de un polo eufórico. Lacan
nos recuerda que una salida de la tristeza puede ser la manía como pendiente a
la psicosis.
La ética del Psicoanálisis no se ubica en la candidez del optimismo
en cuanto a un optimun del mundo como plantea Leibniz. Voltaire se mofa
con su personaje Cándido en Cándido o el optimismo: un joven para quien
todo anda bien, y que si no hubiera tenido lugar el mal que ocurrió, no hubiera
venido el bien que se celebra. Un adelantado en cuanto al imperativo de la
época actual en que se propone como ideal siempre pensar en positivo.
El pesimismo tiene algo de lucidez: el mal existe, el fracaso, la falla, lo que no anda, tienen lugar en nuestra vida cotidiana, pero la práctica analítica no es conservadora, en ese punto no es pesimista. Proponer el gay saber como salida a un saber triste, muerto que no conecta significante y el cuerpo, implica un trabajo, es costoso. Lacan nos recuerda esto en el Seminario 20 Aún: “Es un saber que vale lo que cuesta, es costoso (beau-coût), porque uno tiene que arriesgar el pellejo, puede no resultar difícil adquirirlo, pero el tema es gozarlo” Es en el ejercicio de ese saber cuando se lo conquista. No alcanza con saber que se sabe.
Entonces la relación del bien decir con el gay saber, conecta con la posibilidad de la invención poética en un análisis y allí lo novedoso como un saber hacer con eso que no anda para cada uno y en el mundo.
Referencias de lecturas
Benvenuto S. (2014) La pereza. Pasión por la indiferencia. España.
Colección Pecados Capitales. Antonio Machado Libros.
Ferrater Mora J. (1999) Diccionario de Filosofía. España.
Editorial Ariel
Freud, S. (1986) Sobre la justificación de separar de la neurastenia
un determinado síndrome en calidad de “neurosis de angustia”. En Obras
completas. Primeras publicaciones psicoanalíticas. Tomo III. (p.93) Argentina.
Amorrortu editores. (Texto original de 1894)
(1986) Presentación autobiográfica en Obras Completas Tomo XX (p.55) Argentina. Amorrortu editores. (Texto original de 1924)
Lacan, J. (1985) Aún. El seminario de Jacques Lacan. Libro 20.
Argentina. Paidós. (Seminario de 1972-1973)
(2012) Televisión en Otros Escritos (pp.
535-572) (Entrevista y filmación realizada en 1973)
Nietzsche, F. (2010) La gaya ciencia (J.M. Sierra, trad.)
España. Biblioteca Edaf (escrito en 1882)
Ramírez, María del Rosario. Lecturas sobre las pasiones. Ética-Clínica.
Seminario en curso en Colegio Estudios Analíticos (2026)
Schopenhauer, A. (2007) Metafísica del amor. Metafísica de la muerte. España. Ediciones Folio.
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