El pesimismo: pasión por lo peor. A propósito de la Gaya ciencia como salida

 

Por Silvia Conía 

| Psicoanalista. Miembro de Colegio Estudios Analíticos


| En el marco del Seminario Lecturas sobre las pasiones. Clínica - Ética, María del Rosario Ramírez a través de un trayecto que revisita a Dante y Spinoza entre otros, retoma la inquietante formulación de Jacques Lacan acerca de la tristeza como falta moral, como cobardía moral, de este modo la separa de la depresión como problema psicopatológico. Formulación que surge en la entrevista y filmación que le realizaran en 1973 y que encontramos en sus Otros Escritos bajo el título de Televisión. Agrega que esa falta moral se sitúa a partir del deber del bien decir o de orientarse en el inconsciente y que su opuesto, el opuesto a la tristeza, no es la alegría como rápidamente se podría pensar, sino la Gaya ciencia, el gay sçavoir. Me interesó detenerme en esta referencia lacaniana que alude a una salida ética a la posición triste en la que un sujeto puede estar.

 

Nietzsche y la Gaya ciencia. Alegría en el sin sentido

El gay saber es una expresión que proviene del occitano, una lengua antigua, que a su vez deriva de antiguos vocablos griegos que hacía referencia a todas las habilidades técnicas necesarias para crear poesía. Precisamente, era el modo usado por los trovadores medievales para escribir los poemas y canciones a la Dama de su pasión.

La referencia de Lacan alude a la obra de Friedrich Nietzche: La gaya ciencia, también traducida como La ciencia jovial o El alegre saber.

Conecta alegría con el saber, pero ¿de qué modo?

Se trata de un libro escrito en tono desenfadado, ligero, juguetón, como nos introduce Agustín Izquierdo, un estudioso de la obra de Nietzsche: se deja ir por donde le lleva el capricho del pensamiento de su autor.

Nietzsche nos dice que este libro no es otra cosa que una diversión tras una larga indigencia e impotencia. Pretende superar un trozo de desierto en el que había caído, sometido a una tiranía de dolor, se había congelado en medio de su juventud. Alude a la carga que ya le era insoportable producida por su relación al romanticismo, representado por la filosofía pesimista de Schopenhauer y la música dramática de Wagner. Lo plantea como un modo de cura de aquella pesadumbre de la que se encuentra convaleciente, pero a partir de la Gaya ciencia que significa:

“(…) las Saturnales de un espíritu que ha resistido con paciencia una presión terriblemente larga (…) y que ahora de repente sufre un acceso de esperanza, de salud, de embriaguez, de convalecencia” (Nietzsche, F.)

Un detalle de costado es que en el mismo año que la escribe también ha penado por amor, conoce a Lou Andrea Salomé quien lo rechaza en matrimonio en dos oportunidades. A través de ella, Freud toma conocimiento de la obra del filósofo.

Ahora la vida, se le plantea no como una obligación fatídica, sino como una experiencia que por el conocimiento alegre se pueden afrontar con valentía y paso firme, los peligros que se pueden encontrar.

En el trayecto formula una de sus nociones más célebres: Dios ha muerto. De todos modos, aclara que esto no libera de lo fatídico, para ello, el ejemplo de Schopenhauer, ateo confeso para quien la existencia es algo oscuro y terrible que debe ser negado.

Se trata de un pensamiento libre, con cierta insensatez, con alborozo que el filósofo decide que tome la forma de la poesía, una forma de abandonar la tristeza y la oscuridad. Una alegría en el sinsentido. Cierto disparate que provoca risa. La Gaya ciencia toma la forma de poemas y canciones.

 

El pesimismo romántico de Schopenhauer

Freud consideraba que una posición pusilánime ante el deseo implicaba que aquello de lo que se pretende huir retorna de la peor manera. Justamente la pusilanimidad la encontramos vinculada a la tristeza.

Sergio Benvenuto en su texto La pereza. Pasión por la indiferencia, recuerda que le debemos a Casiano la primera lista de los pecados fundamentales. En un principio eran ocho, entre los cuales estaban la pereza y la tristeza. La tristeza incluía el rancor (lo enranciado), la pusillanimitas, literalmente: alma pequeña, cobarde huida del esfuerzo de la ascesis, la amaritudo: la amargura de corazón que empuja a la indiferencia por el trabajo y el tedio, y la desperatio: la presuntuosa certeza de estar ya condenado por Dios con la convicción de que es despiadado.

Nietzsche apela al gay saber, recurre a la poesía para liberarse de la carga pesimista del romanticismo. El pesimismo también puede ser una manera de huir ante lo real de la existencia. No es el malhumor como un toque de real, sino que el mal domina la existencia, es lo peor el significante amo que la comanda, por lo que no valdría la pena vivirla. El pesimista es un triste. Hay un punto que conecta con la melancolía: lo oscuro de sus pensamientos, la sombra del objeto cae sobre el mundo. Solo se auguran malas noticias y pasará lo peor. Algunos pesimistas los llaman los malos pensamientos.  Resuena cierta posición del alma bella misántropa. De algún modo, se podría considerar tal como lo plantea Benvenuto que el pesimismo es reaccionario, no considera que pueda ocurrir ningún cambio. Justamente, en la concepción básica del llamado pesimismo natural, es un temple de ánimo que hace considerar al mundo y al hombre como imposibilitados de toda reforma substancial. El mal existe substancialmente en el mundo y erradicarlo implicaría la eliminación de la existencia misma.  El pesimismo se opone tanto al optimismo como al meliorismo, esto es, la confianza en que la luz de la razón podría mejorar la condición humana.

Arthur Schopenhauer ha sido uno de los principales representantes de la filosofía pesimista. Ha sido una referencia para Freud. Lo encontramos en sus sueños, y hasta en algunas de sus asociaciones ante un acto fallido en la Psicopatología de la vida cotidiana. Le reconoce al filósofo el valor de haber considerado la pulsión mortífera que anida en los seres hablantes y la pulsión sexual como núcleo de la Voluntad (noción prínceps de su filosofía) de la vida. Pero este pensador, sostiene que esa Voluntad está ligada al dolor por lo cual siempre está obstaculizada. Se trata de una lucha infinita. Cuando se llega a algo, sobreviene el tedio. La vida es un péndulo entre dolor y aburrimiento. Benvenuto lo cita: “En la vida burguesa, el aburrimiento está representado por el domingo; el dolor por los otros seis días restantes de trabajo”.  Donde los románticos ponían al suicidio como salida, Schopenhauer, admirador de la sabiduría de la India, propone el acceso a la Nada, la posición de Nirvana, apuntar a una ascesis estática, renunciando a los placeres y deseos, a la sexualidad y a los bienes materiales. Su Metafísica de la muerte es realmente asfixiante: por la vía de la vida no hay salida, siempre se vuelve a caer en miseria, tormentos y sufrimientos. Por lo tanto, considera que, para conducir al hombre a un estado mejor, sería necesario que deje de ser lo que es, desde este punto de vista concibe la muerte como una necesidad moral.

 

Clínica y ética.

Freud, hombre culto, leyó y consideró a los filósofos, pero nunca, aclara en su Presentación autobiográfica, le dio la espalda al material analítico y a elaborar temas clínicos. Ubica el pesimismo dentro de las neurosis de angustia, como expectativa angustiada, pero, interesante detalle, alude a una manera de estar en el mundo: se trata, dice: de una “inclinación a una concepción pesimista de las cosas”. Como ejemplo, la mujer que cuando su marido tose, ya piensa que tiene neumonía y se imagina el cortejo fúnebre o si al regresar a su casa ve dos personas reunidas ante su puerta, no puede alejar la idea de que uno de sus hijos se ha arrojado por la ventana, sin que, en ninguno de esos casos exista una ocasión que sugiera aún la mera posibilidad. Es una manera de pensar, un modo de decir, decir siempre lo pessimus. Asoma un goce ignorado en cuanto al deseo de destrucción del otro.  Si el pesimismo está centrado en el cuerpo y en la salud, Freud lo llama hipocondría. El hipocondríaco podría considerarse como un apasionado por lo pessimus en lo relativo al cuerpo.

Nietzsche con su Gaya ciencia propone, en contra del pesimista Schopenhauer decirle sí a la vida, pero puede tratarse de un polo eufórico. Lacan nos recuerda que una salida de la tristeza puede ser la manía como pendiente a la psicosis.

La ética del Psicoanálisis no se ubica en la candidez del optimismo en cuanto a un optimun del mundo como plantea Leibniz. Voltaire se mofa con su personaje Cándido en Cándido o el optimismo: un joven para quien todo anda bien, y que si no hubiera tenido lugar el mal que ocurrió, no hubiera venido el bien que se celebra. Un adelantado en cuanto al imperativo de la época actual en que se propone como ideal siempre pensar en positivo.

El pesimismo tiene algo de lucidez: el mal existe, el fracaso, la falla, lo que no anda, tienen lugar en nuestra vida cotidiana, pero la práctica analítica no es conservadora, en ese punto no es pesimista. Proponer el gay saber como salida a un saber triste, muerto que no conecta significante y el cuerpo, implica un trabajo, es costoso. Lacan nos recuerda esto en el Seminario 20 Aún:Es un saber que vale lo que cuesta, es costoso (beau-coût), porque uno tiene que arriesgar el pellejo, puede no resultar difícil adquirirlo, pero el tema es gozarlo” Es en el ejercicio de ese saber cuando se lo conquista. No alcanza con saber que se sabe. 

Entonces la relación del bien decir con el gay saber, conecta con la posibilidad de la invención poética en un análisis y allí lo novedoso como un saber hacer con eso que no anda para cada uno y en el mundo.



Referencias de lecturas

Benvenuto S. (2014) La pereza. Pasión por la indiferencia. España. Colección Pecados Capitales. Antonio Machado Libros.

Ferrater Mora J. (1999) Diccionario de Filosofía. España. Editorial Ariel

Freud, S. (1986) Sobre la justificación de separar de la neurastenia un determinado síndrome en calidad de “neurosis de angustia”. En Obras completas. Primeras publicaciones psicoanalíticas. Tomo III. (p.93) Argentina. Amorrortu editores. (Texto original de 1894)

                (1986) Presentación autobiográfica en Obras Completas Tomo XX (p.55) Argentina. Amorrortu editores. (Texto original de 1924)  

Lacan, J. (1985) Aún. El seminario de Jacques Lacan. Libro 20. Argentina. Paidós. (Seminario de 1972-1973)

                (2012) Televisión en Otros Escritos (pp. 535-572) (Entrevista y filmación realizada en 1973)

Nietzsche, F. (2010) La gaya ciencia (J.M. Sierra, trad.) España. Biblioteca Edaf (escrito en 1882)

Ramírez, María del Rosario. Lecturas sobre las pasiones. Ética-Clínica. Seminario en curso en Colegio Estudios Analíticos (2026)

Schopenhauer, A. (2007) Metafísica del amor. Metafísica de la muerte. España. Ediciones Folio.

Entradas populares de este blog

El nacimiento de un sujeto, su grito

Nota sobre la puesta en acto (la mise en acte). Transferencia y realidad del inconsciente en Lacan

El linaje y la lengua ¡Up!